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Me confieso practicante del “Socialismo Afectivo”. Sí, por qué no decirlo. Después de muchas vueltas, he llegado a la conclusión de que, en términos exclusivamente intangibles, las antiguas luchas de clases, los movimientos por la libertad o las aspiraciones de igualdad que nuestros antepasados han llevado a cabo, se están convirtiendo, cada vez más en un camino hacia la identificación de lo social como un entorno afectivo. Un lugar donde las emociones y los sentimientos aspiran a lo que algunos autores llaman la Economía de la Felicidad y que, probablemente, dará lugar en este nuevo siglo al desarrollo de un entramado empírico y del nacimiento de una Ciencia de la Felicidad.
En efecto, practicar el Socialismo Afectivo implica compartir, a través de una estrecha relación con el entorno, los valores universales de la igualdad, la solidaridad y la democracia. El Socialismo Afectivo interpreta la economía como un medio para el desarrollo personal en términos de intelectualidad, afecto y conciliación con el escenario propio donde nos vemos obligados a vivir y no únicamente como un juego de generación de riqueza que aumenta las diferencias sociales hasta el límite. En la nueva economía de la Felicidad, el motor último de los actos y actividades que realizamos en nuestra vida y en nuestro trabajo es la búsqueda del equilibrio emocional.
Dicha circunstancia genera dos grandes retos de futuro que nos ha de permitir gestionar este nuevo escenario de la abundancia en el que las cosas están en permanente deflación. Estos dos retos son: La democracia afectiva y la solución de la paradoja del siglo XXI que describe perfectamente Alfons Cornella: “El hombre tendrá que resolver la paradoja entre una sociedad cada vez más individual y aislada y la cada vez mayor dependencia de establecer redes profesionales y afectivas”
Efectivamente, la búsqueda del Socialismo afectivo, permite recurrir a lo esencial a través de la felicidad, la sensibilidad mediante la creatividad y lo sencillo. El Socialismo afectivo no sabe de partidos. Puede que sea la solución.




Sergio, benvingut a la blogosfera!!! T'havíem estat esperant!
Publicado por: perecardus | 14 febrero 2007 en 06:44 p.m.
Benvingut per la meva part, també. Ya te he anunciado en Goldmundus ;-)
Publicado por: Roc | 14 febrero 2007 en 07:09 p.m.
Totalmente de acuerdo contigo, es más yo en mi lucha diaria intento que el socialismo afectivo sea adoptado por una institución política. Pero no por que lo tenga que tener en exclusividad sino por que creo que tiene que ser piedra fundamental si pretenden ser lo que pretenden ser.Saludos
Publicado por: Carlos Guadián | 20 febrero 2007 en 10:23 a.m.
¿Donde puedo afiliarme?este tipo de socialismo es que intento siempre practicar y animo a otras personas a realizarlo porque es muy gratificante.Saludos
Publicado por: marialob | 21 febrero 2007 en 02:22 p.m.
Decía Miles Davis que en cuanto te pones a soplar un intrumento, sabes que de ahí no podrá salir nada que Louis Armstrong no haya hecho ya. Pues bien, esto es algo parecido a lo que ocurre con el pensamieto: es difícil pensar algo que lo griegos no lo hayan pensado ya. Y es que precisamente, hace unos 25 siglos, ¿no nos hablaba Epicuro de la búsqueda del equilibrio emocional, de la búsqueda del placer intelectual además del hedonista? Eliminar miedos, decía, y así procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera.Ahora bien, en pleno S. XXI, y aunque parezca mentira, ¿ha conseguido el hombre despojarse de todos sus miedos? ¿O acaso no siguen ahí acechándonos tantas lacras que ya hasta suena demagógico enumerar? Pero si ni siquiera ha sido capaz el hombre de arrancarse su miedo más ancestral: la muerte.Pese a todo ello creo en este socialismo efectivo que propones, pero como individuo intelectual, no como individuo social. Y en todo caso no creo que la paradoja del siglo XXI sea la que describe Alfons Cornellá. Más bien parece casi un dislate ante la gran paradoja: ¿Hasta cuando el hombre va a permitir que el hombre muera de hambre? Nos queda mucho camino por andar, amigo Sergio.
Publicado por: Miguel Ángel | 28 febrero 2007 en 08:19 a.m.
Estimados todos..... Sergio, ya conoces mi dificultad para hacerme con conceptos abstractos..... Soy hombre llano y simple ¿ En que se traduce exactamente, en que medidas, en que hábitos cotidianos , esta propuesta de Socialismo afectivo ?
Publicado por: Juan Ayala | 15 marzo 2007 en 11:48 a.m.