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Lo inesperado de la situación no era pensar que aquello no podía suceder. Ni siquiera que aquella mañana fuera como todas las demás. Manuel se había levantado dispuesto a recorrer sus mismas dudas, como casi siempre. Había desconectado la cafetera a medio hacer para evitar llegar tarde. En el periódico las noticias de la bolsa, los últimos escándalos de violencia de género, las elecciones. “Lo de siempre”: dijo.
Aquella mañana sacó el coche del garaje sin ni siquiera pensar. Puso la radio, la emisora de siempre. Llegó antes de lo habitual (No lo podía creer) Se sentó en su despacho donde Laura le dejó la noche antes los informes de las primeras reuniones. Tenían un post-it que decía: “Llegaré tarde. Tengo médico con el niño”.
María entró, sin llamar. Podía recordarlo. Un tren había estallado en atocha. También parecía que había más artefactos y más trenes afectados en otras partes. Confusión. Pronto todos asumieron que Laura no iba a llegar aquella mañana. El móvil desconectado. Su silla vacía. El niño que nunca llegó a visitar a su médico.
Tres años después, Manuel de nuevo tomó el café medio aguado, puso la radio: el circo, los políticos, la extraña trama de las mochilas, los ácidos y las relaciones con ETA. Volvíamos al punto de partida. Manuel llegaba a su oficina un día más. El juicio no iba con él. Poco le importaba. Entonces, le entró de nuevo esa extraña sensación: Estaba cansado. Después de todo, nada había cambiado. Bueno, algo sí, Laura ya nunca más iba a estar allí, tampoco su hijo.
Lo inesperado de la situación no era pensar que aquello no podía suceder. Ni siquiera que aquella mañana fuera como todas las demás. Manuel se había levantado dispuesto a recorrer sus mismas dudas, como casi siempre. Había desconectado la cafetera a medio hacer para evitar llegar tarde. En el periódico las noticias de la bolsa, los últimos escándalos de violencia de género, las elecciones. “Lo de siempre”: dijo.
Aquella mañana sacó el coche del garaje sin ni siquiera pensar. Puso la radio, la emisora de siempre. Llegó antes de lo habitual (No lo podía creer) Se sentó en su despacho donde Laura le dejó la noche antes los informes de las primeras reuniones. Tenían un post-it que decía: “Llegaré tarde. Tengo médico con el niño”.
María entró, sin llamar. Podía recordarlo. Un tren había estallado en atocha. También parecía que había más artefactos y más trenes afectados en otras partes. Confusión. Pronto todos asumieron que Laura no iba a llegar aquella mañana. El móvil desconectado. Su silla vacía. El niño que nunca llegó a visitar a su médico.
Tres años después, Manuel de nuevo tomó el café medio aguado, puso la radio: el circo, los políticos, la extraña trama de las mochilas, los ácidos y las relaciones con ETA. Volvíamos al punto de partida. Manuel llegaba a su oficina un día más. El juicio no iba con él. Poco le importaba. Entonces, le entró de nuevo esa extraña sensación: Estaba cansado. Después de todo, nada había cambiado. Bueno, algo sí, Laura ya nunca más iba a estar allí, tampoco su hijo.





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