Lectura aprox. 2 min.
Scott Fitzgerald decía que “Lo propio de una inteligencia auténtica es que sea capaz de funcionar sobre hechos contradictorios..”. En efecto, siempre que me he definido como un “Oxímoron”, los ojos perplejos del espectador que asiste a mi desnudez con estupor, no pueden esconder cierta inquietud.
No entiendo, según la Real Academia de la Lengua, oxímoron es la “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador.
No hay por qué preocuparse por tanto. Ser Oximorón representa la aptitud para poder dar espacio interior a diferentes sensaciones, pensamientos, razonamientos o simplemente instintos con aparente significado opuesto. Nadie duda de que lo complejo se constituye de multitud de partes sencillas caóticamente entrelazadas y que es muy diferente algo complejo de algo complicado, mucho más difícil de explicar. He aquí que el Oximorón es capaz de generar un sistema contradictorio y complejo que origina un nuevo sentido más comprensible. En definitiva es una manera de pasar de lo complejo a lo complicado.
El ser humano es complejo por tanto. Ser Oxímoron nos da la oportunidad de ser, únicamente complicados. En el mundo del Oxímoron, la contradicción es el objetivo. La contradicción como camino a la dialéctica y por tanto a la simplificación de lo complejo.
Ahora vuelvo a la perplejidad del espectador y a Scott Fitzgeral. Con franqueza: Lo propio de la inteligencia auténtica es poder moverse en un entorno contradictorio. Para ser Oxómoron no hace falta ser inteligente, pero si, estar muy loco.




Comentarios