Esta noche me he dado cuenta de lo fácil que es aprender a contar. Basta con comenzar a pensar la manera. Tomar carrerilla. Inspirar a fondo. Dejar salir los números que más nos inquieten, los que, perezosos, aguarden su turno. La disonancia de las palabras nos obliga a diferenciar lo dicho de lo elegido. No es lo mismo dos que tres, aunque los dos sumen uno. Estaba pensando en lo que ayer me has dicho, despistada como si nada te fuera en ello.
No acierto a seguir esperando que tenga sentido. Las interpretaciones son relativas y los silencios oscuros. Mientras, prefiero dejar pasar las horas, a veces los días. Hasta que recapacites sobre lo que está pasando. Entonces hemos quedado que los números impares tienden a infinito cuando n tiende a mí. Hemos resuelto que los múltiplos de dos son divisibles por cinco en una cuenta atrás.
No sé si lo he entendido. Por favor, esta noche, estoy esperando, con cuaderno y lápiz, que me enseñes a hacerlo. Hazme aprender a contar. A contar contigo...





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