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Este martes, tuve la oportunidad de compartir un encuentro con Augusto López-Claros, economista jefe del Global Economic Forum, que edita cada año el informe más prestigioso del mundo sobre competitividad: Global Cometitiveness Report. El ranking clasifica 150 países según más de 90 parámetros que miden el posicionamiento en dichos términos.
Fue un debate interesante pero me gustaría reflexionar sobre tres aspectos que me parecieron especialmente sorprendentes:
Primera reflexión:
Los 5 países con mayor grado de competitividad en sus economías (Suiza, Finlandia, Dinamarca, Suecia y Singapur), son países que presentan un alto grado y calidad en la incorporación de la mujer al mercado laboral. Evidente si pensamos que prescindir de, en torno al 50% del capital humano y fuerza de trabajo, es un despilfarro que en cualquier otro activo, ni se nos pasaría por la cabeza. Curiosamente estos países, disponen de un alto grado de conciliación familiar. En España, según la última encuesta de población activa, sólo el 61,82% de la mujer está incorporada al mercado de trabajo (con una tasa de paro de más del 11%) y lo que es peor, sólo el 6,8% ocupa puestos directivos según el Instituto Nacional de Estadística.
Segunda reflexión:
El factor ecológico y respeto por el medio ambiente, por el momento, no es una variable incorporada al sistema. Es decir, la correlación no prevé este factor a fecha de hoy, factor que, como todos sabemos, está adquiriendo una alta importancia social que a la larga se verá reflejada en el mercado de consumo. En este caso, sorprende pensar que países como China, en los que la permisividad contaminante y sobreexplotación de los recursos favorecen el crecimiento de su economía, no vincula su competitividad a este factor, sino que está más ligada a factores como, por ejemplo, el tipo de cambio o la balanza de pagos. También es curioso que, estudiado el factor de dependencia energética, no se presenta tampoco alteración del modelo. La exportación de tecnología por ejemplo es compensada con la compra de petróleo (véase el caso de Japón, país pobre en recursos pero rico en tecnología).
Tercera reflexión:
La inmigración, en contra de lo que se puede pensar, todavía no está claro que signo tiene como variable (key-driver) del sistema. Curiosamente las diferentes políticas de acogida, así como los propios flujos migratorios, pueden variar hacia un lado o hacia otro la balanza de la competitividad. Así, países como Canadá con buenas políticas de captación de talento y titulados superiores, aprovechan la inmigración con un catalizador a través de incentivos. Por el contrario, una mala política de inmigración, genera irrevocablemente los problemas en la economía que ya todos conocemos. Por tanto, curioso pensar que un factor de importancia clave y creciente, aún no define el modelo de una manera clara y unívoca.
En definitiva, y pensando en casa, si no nos preocupamos por las mejoras de la mujer en el mercado de trabajo, desarrollar nuevas culturas sostenibles en la explotación industrial y sobretodo urbana, y acompañamos nuestra (en términos generales) correcta política de inmigración con medidas y planes de talento, lo empeceremos a tener complicado. No necesitamos grandes recursos energéticos, sólo un buen posicionamiento.
El modelo europeo, claramente es válido (miremos los puestos de cabeza), nuestra masa crítica también (no se ha de ser grande en un mundo global), nuestras condiciones sociales, clima, etc también… El puesto 28 no nos puede dejar satisfechos. Creo que podemos dejar de mirar a EEUU y mirar a nuestros vecinos.
La duda, queda.