Finalmente hoy he salido a pasear visitando el DownTown de Chicago. Ha hecho un día totalmente claro y por lo tanto el frío era insoportable. Cuando digo insoportable quiero decir que nunca he pasado una cosa igual. Es imperiosamente necesario pasar a un espacio cerrado cada media hora (a ver algo o lo que sea: una herramienta de venta brutal para las tiendas).Por contra, he podido subir al piso 103 de la Sear Tower a disfrutar de su fantástica vista , luego en la tarde, a la caída del sol, tomar un mojito en la planta 96 del Hankock Center.
Bajo 20 grados todo se ve de manera diferente, por fin he caído en el Apple store a comprar todos los encargos (2 iTouch 16GB y un Iphone) falta para mañana el Apple TV que será mi regalo de cumpleaños. Sucumbo a mi chantaje corporal con alguna taza de té hirviendo y mi bufanda hasta las orejas.
Chicago es una ciudad cómoda, coqueta, extremadamente limpia y con gusto por la arquitectura. Cuanado paso por alguno de los callejones oscuros por los que sale humo y se distinguen las escaleras de emergencia en hierro oxidado, pienso en los años 20 cuando las bandas de gangs encabezados por Al Capone vengaban con justicia el día de la "masacre de San Valentín".
No puedo contar ni las calorías que he podido meter en el cuerpo desde que puse un pie a tierra en este "país de oportunidades". En todo caso, si calorías es calor, las he necesitado porque, joder, qué frío. ¿Por qué en este país cuando uno dice "medium" le ponen "king size" para todo?
De verás no exagero.










