Es curiosa la reflexión de Pedro Nueno sobre la relación entre un empresario y su socio financiero (Capital Riesgo o Private Equity).
Ciertamente, lo mejor que puede pasar en este idilio con fecha de divorcio es que la relación sea plácida, los sueños sean dulces y no haya demasiadas patadas debajo de las sábanas.
Cuando esto es así, se produce el paradigma de la felicidad. Como dos enamorados, ambos socios levitan de gozo y llenan sus arcas de riqueza.
Así sea, que ojala fuera así. Todos ganamos, yo crezco y tu retiras tu inversión con el rendimiento deseado. Algún inversor dijo que soñaba con “múltiplos obscenos”.
Al cobijo de la noche, todos los gatos son pardos, las camas calientes y los sueños, aunque uno no los recuerde, haberlos haylos.
Vienen tiempos difíciles para los Capitales. Los acuerdos serán menos, las camas más estrechas, los sueños más pesadillas. Yo sigo, apostando por dormir a pierna suelta.




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