París, Mayo del 68
Estos días ando pensando demasiado en la primavera del 68. Coincidiendo con el cuarenta aniversario de aquel Mayo famoso, algunos documentales y muchos recuerdos y testimonios, he estado pensando en aquellos días. No tuve la suerte de vivirlo, es evidente, pero aún me queda, de cuando viví en la Rue Sant Jacques del Barrio Latino, a sólo unos metros de la Sorbonne y el Boulevard de Saint Germain, la extraña nostalgia de los que corrían delante de los gendarmes soñando ideales.
En aquel mayo del 68 se aspiró a lo imposible. La batalla de los ideales en los que, de la mano de jóvenes estudiantes, se dieron cita los intelectuales, los trabajadores y los idealistas para protestar contra un sistema falto de valores y carente oportunidades. Entonces valía la pena por lo que luchar. La palabra como arma, el debate, la discusión y la dialéctica como ejércitos de la razón contra el sistema.
Seguro que aquello no fue todo lo romántico que hoy lo vemos, pero acaso no tenemos derecho a hacer posible lo imposible. Hace poco alguien me comentó que hubiera sido muy bueno poder haber vivido en los 60. Yo no lo tengo tan claro. Aquella generación quiso cambiar el mundo, y estuvo a punto de conseguirlo. Me pregunto si el nihilismo en el que nos hemos instalado en mi generación no nos lleva a la desidia. Hoy vivimos una revolución seguramente más importante: la revolución tecnológica. La posibilidad de plantear lo inmediato y lo global, ni más ni menos que la relatividad de el espacio y el tiempo. Asomarnos a la ventana de lo posible con herramientas al alcance de todos. Y ante esto: Nada.
No me siento diferente a aquellos que levantaron adoquines para ver el mar. Tenemos en nuestras manos poder hacer algo que merece la pena. “Simplemente, hagámoslo”. Yo no me puedo quedar con la sensación de no haberlo intentado. Ellos lo hicieron, ahora es el momento del cambio.
En este link podéis ver algunas de las pintadas en el mayo francés.
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