
“…y llegaste tú, con tu bicicleta…” (Pedro Guerra.)
...Pensaste que lo mejor estaba aún por llegar. Dejaste caer la mirada al asfalto, respiraste con esmero e intentaste fijar aquel momento como otras tantas veces que habías repetido “recuerda esta historia…” Todo pasó justo en el instante en que ella cogió su bicicleta y tomó camino por la Rambla, para desaparecer y dejarme el sabor del deseo. (Como sin pensar a penas, en lo que estaba pasando)
Allí estaba, en el preciso lugar donde todos los sentidos se ponen de acuerdo, parando el tiempo por ese instante. Había pasado aquella tarde de verano en la que mi barriga era un saco de flores y mis expectativas incumplidas sólo una buena excusa para reír. Ella no lo sabía. Caminaba despistada hacia la distancia. Yo quedé allí: preparado para la espera y los fríos cuarteles del recuerdo. Ahora tenía que pasar el tiempo, la lluvia de mariposas, las tardes de verano y los atardeceres del Mekong…
Aquella tarde, marchó en su bicicleta, seguían lloviendo flores…




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