He estado pensando estos días qué pasaría si me dedicara, simplemente, a recomponer mi escenario normal a su estado original: la geoestática asíncrona.
Alguno de mis audaces lectores puede pensar: "La geoestática asíncrona se caracteriza por la emisión de indiferencia sin periodos ni tiempos acompasados". No le falta razón. Ciertamente es así pero, por llevar la contraria, tengo que decir que las razones que me llevan a la desviación de este estado natural no son otras que las dinámicas metasomáticas de la relatividad transaccional.
Es decir: una vez resuelto el dilema provocado por mi abobinable invento (la máquina de generación de crisis existenciales), la situación es clara: TENGO QUE VOLVER A MI ENFERMEDAD MENTAL: la dispersión literaria: Fruto de ella, y razón primera de mis variadades matematico-emocionales de primer y segundo grado.
Lo mejor de todo esto es que esto representa matar al cartero. Acabar con aquello que me lleva a la citada varianza algebráica de mi realidad. Las noticias no culpan al mensajero como tampoco la tecnologia justifica al que la utiliza.
Quizás, antes de proceder al genocidio de todo el cuerpo de Correos, lo mejor sea pasar al email y olvidar, de una vez por todas, el genero epistolar.





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