Rulfo nos llevó a Borges y Borges nos llevo a Julio. Julio Cortázar, ese argentino simpático y enjuto con un extraño acento francés contagiado de nostalgia porteña.. Entonces conocí Rayuela, empezando por aquellos capítulos que me llevaron a París :”¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y a penas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts” (cap. 1)
Más o menos por el año 97 o 98, tras una visita que no olvidaré al Musée Rodin donde quedé enamorado para siempre de “Le Basaiser” y una larga noche de fiesta en la Cité Universitaire, decidimos ir a ver amanecer en las escaleras del Sacré Coeur en Montmartre aprovechando que aquel día era el cambio de hora (cosas del destino). En aquellas escaleras, viendo el amancer, decidí que yo tenía que vivir aquella ciudad. Desde aquél entonces, estuve seguro de que París cambiaría mi vida y sólo uno o dos años después decidí dejarlo todo y marchar a vivir en esas calles donde Horacio siempre buscaría a La Maga, “temeroso Horacio en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las cosas, de todas las calles, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos” (cap. 93)
Corría el año 1999, y hoy, pasados diez años, con la excusa de una exposición retrospectiva de Miles Davis, he aprovechado la oportunidad para visitar París ahora que se cumplen justo 10 años desde que dejé mi vida en Madrid y vine a vivir a esta ciudad. Muchas son las cosas que han pasado estos años. Para empezar, en aquél entonces ni siquiera me gustaba el Jazz. Poco queda quizá de aquél soñador de 25 años que pensaba que el camino de la felicidad era de doble sentido y mucho queda de haber vivido al máximo, haber exprimido la vida, haber pagado un precio y haber convertido el escenario en realidad. Y es que, entre los 25 y los 35 seguramente pasan las cosas más importantes que marcan tu vida. Es donde realmente uno se hace mayor y comienza a ser lo que pretende ser. También es la etapa donde se construye el futuro sobre los pilares sólidos del pasado y donde los niños ya no son tan niños ni las utopías son tan utopías.
Y mientras, París sigue ahí, eterna. Como si no hubiera pasado nada. Exactamente igual que cuando recorría el paseo que lleva del Quai de Saint Michel a Beaubourg atravesando el Hôtel de Ville. Es como si hubiera quedado parada en el tiempo. Paseo y veo a los mismos jóvenes que veía cuando bajaba a tomar café a Le Rostand, con mi cuaderno negro y una bufanda para no pasar frío, saliendo de la Sorbonne y tomando calle abajo por Saint Suplice. París sigue albergando a gente soñadora, impasible, viendo pasar ideales por sus Jardines de Luxemburgo, las mismas parejas, los mismos besos, los mismos gorros de lana y la misma gente que fuma Gauloise.
Y tú te miras y ves que ha pasado el tiempo. Es entonces cuando no todo es tan bonito. Al lado de la ciudad, tú has cambiado. Las cosas ya no son como antes ni tú eres el mismo. Entonces, echas a caminar, te abrochas el abrigo y comienzas a mirar con cierta tristeza. El tiempo ha pasado y llegan las preguntas. Esas nostalgias que te llevan al mismo lugar de siempre: la melancolía. Lo bueno de París es que en los cafés siempre hay gente sola. Lo malo es que siempre hay demasiada nostalgia. Te colocas la bufanda, intentas escuchar aquella canción que te hacer volver al pasado, justo entonces, atraviesas el Pont Neuf. Y cuando crees que todo está perdido, te cruzas con aquél chaval que vino a París con 25 años, lo miras, os miráis extraños, casi sin saber que decir. Entonces decides seguir el camino y ni siquiera saludar. Pasados unos metros, echas atrás la mirada, sonríes y piensas “Quizá no estuvo tan mal”…




Gran relato Sergi :-) Al final, cuando te retires joven a una de esas playas griegas, te convertirás en escritor :p
Fíjate que a mi París nunca me ha llamado la atención demasiado y con todo lo que cuentas al final tendré que probarlo ;)
A seguir con estos posts de emprendedor pensador y a tener cuidado por Senegal, que se te echará de menos por aquí.
¡¡Abrazo!!
Publicado por: Jesús Gordillo | 01 diciembre 2009 en 06:43 p.m.