Caí rendido a los pies de París cuando leí por primera vez Rayuela. Debía ser el año 1994, corrían los años de universidad y todavía pensábamos que podríamos cambiar el mundo con un poema, cantar a la libertad con una guitarra en mano o enamorarse a escondidas de cualquier mujer fatal que fumara Ducados. Eran tiempos de Miguel Hernández y canciones de Vicente Felíu y comenzábamos a descrubir a la Bauhaus o la razón geométrica de Mondrian.
Rulfo nos llevó a Borges y Borges nos llevo a Julio. Julio Cortázar, ese argentino simpático y enjuto con un extraño acento francés contagiado de nostalgia porteña.. Entonces conocí Rayuela, empezando por aquellos capítulos que me llevaron a París :”¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y a penas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts”(cap. 1)
Hace poco pudimos juntarnos de nuevo un fin de semana diferentes generaciones del Espai Vicens Vives, un programa sobre liderazgo y compromiso cívico de Esade que ya he comentado en este blog. Entre otras cosas estuvimos hablando sobre el triángulo formado por los valores, la razón y las emociones. Ese eterno dilema que rige nuestras vidas de manera constante y que afecta a cada una de las decisiones que tomamos.
Qué difícil es el equilibrio entre lo que te dice la moral y la ética (tus valores), lo que te dice la cabeza y el conocimiento (la razón) y lo que te pide el corazón y los sentidos (las emociones). Y no escarmentamos y siempre andamos liados en este momento, buscando un equilibrio imperfecto y que, en la mayoría de los casos, no existe.
Es bien sencillo, los triángulos tienen numerosas interpretaciones en base a cómo se quiera leer la realidad: Circuncentro, baricentro, incentro, ortocentro y exincentros. Sólo hay que elegir.
Las respuestas sólo conducen a querer generar nuevas preguntas. Desde este punto de vista, y sólo este, puedo decir que tengo algunas respuestas. Quizá únicamente por eso: porque estoy lleno de preguntas.
Asisto atónito de nuevo a la nube de polvo dospuntocerista que ha levantado el anuncio del cierre de soitu en los últimos días. La verdad es que no tenía pensado escribir de este tema. Que una empresa cierre siempre es triste. Vaya por delante que soitu me parecía un contenido interesante y Gumersindo Lafuente, al que no conozco, una persona muy profesional y con la cabeza muy bien amueblada.
Pero dicho esto, me ha parecido apropiado finalmente aportar mi opinión sobre esta ceremonia de la confusión en torno a conceptos muy básicos para cualquiera que conoce la gestión y las organizaciones. El problema, me temo, como vengo sosteniendo en este blog, es que por esto de las redes sociales anda mucho incauto que lo más cerca que ha estado de una empresa seria y profesional es viendo los videos de Steve Jobs en youtube.
Y es que este falso fenómeno pseudomediático, sospechosamente parecido (no en el fondo sino en las formas) al pasado cierre de Mobuzz, vuelve a poner de manifiesto la corta visión de miras que tiene eso que llaman la blogosfera y la mayoria de los presuntos líderes de opinión dospuntoceristas. Y es que de becario o chupóctero pesebrero a gurú del link, como se sabe hay un paso. O mejor dicho unos cuantos followers.