Qué difícil es el equilibrio entre lo que te dice la moral y la ética (tus valores), lo que te dice la cabeza y el conocimiento (la razón) y lo que te pide el corazón y los sentidos (las emociones). Y no escarmentamos y siempre andamos liados en este momento, buscando un equilibrio imperfecto y que, en la mayoría de los casos, no existe.
Es bien sencillo, los triángulos tienen numerosas interpretaciones en base a cómo se quiera leer la realidad: Circuncentro, baricentro, incentro, ortocentro y exincentros. Sólo hay que elegir.
No es posible aclararse porque generalmente los tres factores de una decisión juegan según una la simple ley de “Valores x Razón x Emoción = Constante”. Lo que quiere decir que, cuando interactúas priorizando cualquiera de ellos, los otros dos, inmediatamente se ponderan causando el mismo resultado final: La acción, la decisión y el compromiso con la realidad que quieres transformar. Y es que, tan pobre es la persona recta y orientada a valores que evita dejarse llevar por la intuición y la experiencia anterior, como los impulsos tomados que desoyen la razón y la escala de valores personal. O por otra parte, la historia nos ha mostrado en numerosas ocasiones grandes intelectuales e inteligencias, carentes absolutamente de valores y de sentimientos.
Por tanto, es difícil: ¿Cuál es la decisión correcta para tomar? Yo siempre prefiero pensar que ninguna decisión es buena o mala por sí misma sino por las consecuencias que desencadena. O leído de otra manera: en la vida todas las decisiones son buenas si, simplemente, se toman. Lo peor que puede tener una decisión es no ser tomada.
Me gustó la idea de que en la vida, más bien disponemos de un sistema de vasos comunicantes entre la razón y el corazón, es todo mucho más lineal. En los momentos en que la razón prevalece, el corazón se resigna y pasamos épocas en las que nos dejamos más llevar por las emociones. También está la posibilidad de ejercer la inteligencia emocional de Goleman, evidentemente, pero yo es que prefiero jugar a juegos de suma cero. Me resultan más divertidos que los cientos de teorías sobre el comportamiento y la toma de decisiones.
Si tú también estás intentando buscarle todos los días el epicentro, circuncentro, baricentro, etc a los triángulos, a lo mejor deberías quitarle un grado de libertad y trabajar en una recta y vasos comunicantes. Lo mejor es actuar. Buscar equilibrios siempre es la garantía del fracaso.







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