Después de este desayuno hemos visitado el poblado de Iwol, un asentamiento en lo alto de la montaña (una de las únicas que hay en todo Senegal) al cuál, sólo se accede mediante una hora hora caminando por empinadas cuestas. Miraba al guía que nos subió y era como si nada. Yo respiraba casi para ahogarme pero al final he llegado. Iwol es una agrupación de 535 personas. El pueblo está desierto porque la gente está trabajando en el campo a media mañana. Tan sólo unas mujeres mayores y niños, como siempre. Las mujeres pronto nos llevan a ver al jefe del pueblo, de la familia de los Keita como es habitual por esta zona. Le entregamos un paquete de jabones y una bolsa de dos kilos de Cola, una especie de fruto con el que hacen infusiones que hemos comprado en el mercado de Kedougou. Nos cuenta que el asentamiento lleva allí desde el siglo XII, nada ha cambiado desde entonces. Creo que estamos en el sitio más recóndito y anclado en la antigüedad que he visitado nunca. Por supuesto ni agua, ni luz, ni ninguno de los mínimos necesarios para vivir. Me siento como si estuviera 500 años más para atrás y entonces siento que realmente estoy lejos. Es increíble como tan solo a 5 horas de vuelo y tres días de viaje puede suponer un abismo tan grande.
La huella que va dejando el viaje cada vez es más grande. Esta vez he tocado de lleno la realidad de aquí, sus costumbres, los sitios más necesitados, la nada. Y ahora que empiezo a ver la vuelta, empiezo a sentir el habitual sentimiento de pérdida y soledad que deja este continente cuando uno lo visita. Todo el mundo coincide en ello: venir aquí no deja indiferente y cuando uno toca esta realidad queda ya otra persona para siempre. Ahora cae la tarde, volvemos a Chez Leontine, está contenta porque le hemos contado que queremos que vaya a Valencia el 8 de marzo para el encuentro anual España-África de “Mujeres por un mundo mejor”. Leontine es una de las protagonistas del libro de 15 luchadoras que estamos haciendo. Su testimonio es muy importante para el proyecto. Cuando accede a venir a España rápidamente, en la mirada se le nota una mezcla entre ilusión y miedo a lo desconocido. Enseguida dice que aprenderá muchas cosas en ese encuentro y que es una gran oportunidad para ver qué hacen otras mujeres como ella. Leontine siempre quiere aprender, ver cosas nuevas. Dormimos en su casa. Está todo oscuro y el cielo se ve diferente. Al día siguiente toca casi comenzar el camino de vuelta.




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