Anoche llegué a Dakar. Como manda la tradición: a horas tardías y lleno de cansancio. Tras un largo viaje y con una maleta desproporcionada para lo que después siempre llegas a usar. Más compuesta por dispositivos, cables y fármacos varios que por la propia ropa que vas a necesitar.
He venido a un encuentro del sector turístico de Senegal y Gambia donde se tratan temas de Turismo Solidario y Sostenible. Hemos puesto un stand con información sobre el proyecto donde, como sabéis, colaboro desde los inicios del proyecto hace ya más de 3 años orientado a ayudar a las mujeres emprendedoras en África que regentan pequeños establecimientos y alojamientos por más de 10 países en todo el continente.
Lo que me mueve a participar en estos viajes es poder dedicar parte de mi tiempo a las cosas que habitualmente no pensamos en nuestro día a día. Cuando uno hace el ejercicio de poner los valores que considera importantes en su vida en un papel y en otro, justo al lado, escribir la distribución del tiempo que les dedica, se da cuenta de que la balanza está absolutamente desproporcionada. La vida en el mundo occidental nos lleva por los caminos que todos sabemos, cuando uno menos se lo espera se encuentra llevado por la marea. Preguntándose para qué vale todo esto que haces durante un día cualquiera. Y en esto que, para mi, es necesario salir de ello y quedarse desnudo mirando el mundo desde otra perspectiva. La perspectiva de lo relativo. Eso sí, uno se siente absurdo, como mirando desde aquí una película allí de la cuál no participa. Pero la realidad es que la película vuelve a ser real y las cosas a su justo sitio.
Al menos, de vez en cuando, merece la pena un ejercicio de hacer pequeñas cosas ordinarias que producen cambios extraordinarios (como diría mi amigo José Luís Montes). Doy gracias todos los días por haberme montado un modelo de vida que me permite hacer estas cosas y otras que nada tienen que ver, pero cosas todas que dibujan mi realidad, que me ayudan a entenderla desde diferentes ópticas y, a veces, las menos, que me permiten poner en práctica pequeños gestos que sirven como granito de arena para poder transformar la realidad.
He querido montar mi vida así: Conocer la realidad, intentar entender la realidad y colaborar, en lo que pueda, para transformar la realidad.
Es un modelo y esquema de vida sencillo, fácil de explicar y al que me ha costado mucho trabajo llegar a pesar de lo simple de su exposición. Cuando uno conoce, entiende y transforma, entonces está preparado para lo más importante: Ser feliz con lo que tiene y con lo que hace.
Aquí veo las cosas que son importantes, y las cosas que he dejado allí importantes, las personas que echo de menos y los lugares que recuerdo: una manera sencilla de ser feliz y compartirlo.




no es la realidad lo que tú quieras hacer de ella?
Quiero decir, que para los que se encierran en su burbuja del día a día... ¿no es esa su realidad, por muy limitada que pueda parecernos cuando somos capaces de salir y verla en perspectiva?
En cualquier caso, es lo bueno de los viajes... que te dan perspectiva. Un abrazo y sigue contándonos cosas!
Publicado por: Pedro Abadia | 02 diciembre 2009 en 01:28 p.m.