Anoche rompimos un coche por un golpe leve al parar para un control policial y allí se quedó, hoy hemos pinchado en mitad de la nada pero, debo ser un sufridor nato, ha sido muy interesante.
Tafa (Mustafa) es el conductor que nos ha traído hasta aquí, habla perfectamente español y echa de menos a su novia vasca. Esta mañana nos ha contado que conoce perfectamente a Roque, Silvia y Albert (los tres desaparecidos en Mauritania) porque él es conductor habitual en Senegal de la Carabana Solidaria que organiza cada año “Ayuda en Acción”. Está triste y preocupado por ellos. 12 horas de trayecto dan para hablar mucho. Escuchar sus discos de música senegalesa, pinchar el coche, comer y para a ver una catedral de termitas.
Y ahora hemos llegado a Tambacounda, ha caído la noche y siento nostalgia. Echo de menos. Tengo la cabeza puesta aquí y allá y me parece genial que así sea. Hago un par de llamadas telefónicas para dar el parte de estado “todo bien” y entonces me tumbo en la cama. Pienso en lo que añoro, no sé por qué le doy tanta importancia, pero lo cierto es que es importante.
He aprovechado unas cuántas horas de coche también para pensar en mi. Para reordenar algunas cosas del futuro. No sé si es el mejor sitio para hacerlo pero es el que hay. Y además es necesario. Cada vez que atravieso un mercado de un poblado, interrumpo mi proceso y miro a los niños que hay en él. Tafa me confirma que no sabe si sería feliz viviendo en España, ellos probablemente tampoco. Entonces vuelvo con mis pensamientos. Pasan las horas y sigo en la añoranza: ojala ella estuviera aquí.
Ahí afuera, al caer la tarde, escucho al imán en la mezquita en el rezo de la noche.




qué bonito tu post! inspirador, melancólico, romántico, personal...
un besote
Publicado por: María Guerrero | 11 diciembre 2009 en 11:24 a.m.