
Esta tarde he llegado a Oporto para pasar el fin de semana. Llevo paseando por sus calles durante unas cuatro horas, solo, fijándome en los detalles en tanto que llegan mis compañeros de viaje desde Madrid.
La ciudad tiene una personalidad muy curiosa que recuerda a la mezcla entre lisboa y Galicia. La primera impresión fue buena.
El centro está lleno de pequeño comercio. Fantástico. En España ya no sabemos lo que es eso. Lo primero que uno piensa es que está ante un gran museo de la caspa. Después vienen los detalles. Comienzas a percatarte de los personajes que regentan las tiendas, de los artículos, de cómo ponen los precios y los carteles de descuento. Los escaparates son un ejercicio absurdo que cuando ves el comercio ya cerrado dices, "este tipo como salió de aquí?"
Este espectáculo sublime lleva a ver, en la principal calle comercial, una tienda de cortadoras de césped, un especialista en tapones y grifos o un relicario que vende todas las velas de misa que imaginé. Se va, desde el zapato de mercería, hasta la tienda de cacahuetes.
Mientras pienso: "monto una consultora de Marketing aquí y me forro". Rápido me reconduzco y pienso: "esto sí que es auténtico y no la mierda que tenemos allí!" Fantástico, puedo comprar un carrete de pesca y después el rastrillo del huerto sin irme a un centro comercial a 20 km. Todo al lado de zara!
Como siempre, mi recurrente pregunta: y la innovación? Qué pensará este barbero?
Y al final, lo más curioso, llegan las 20.00 hrs. y todo el mundo se esfuma: la ciudad fantasma. Como por arte de magia todo ha desaparecido...
Hay alguien por aquí???
Esto es Oporto.
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PD. foto by Miguel Angel